viernes, 15 de septiembre de 2017

Fwd: [TacnaComunitaria] CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA: LA INTELECTUALIDAD Y LA CLASE OBRERA EN 1917


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De: Blogger <no-reply@blogger.com>
Fecha: 15 de septiembre de 2017, 12:48
Asunto: [TacnaComunitaria] CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA: LA INTELECTUALIDAD Y LA CLASE OBRERA EN 1917
Para: luismiguel1952@gmail.com






A l´encontre

Los trabajadores no traspasaron alegremente la última etapa de la toma del poder en octubre de 1917. En realidad, la mayor parte de ellos, aunque deseaban desesperadamente el poder de los soviets, dudaron y temporizaron ante la acción (vystuplenie). La insurrección fue el acto de una minoría decisiva de trabajadores, los que eran miembros o próximos del partido bolchevique (solo en la capital, el partido contaba en sus filas con 30 000 trabajadores). Cuando forzaron la decisión, la aplastante mayoría de los otros trabajadores dieron su apoyo. Pero en ese momento, los trabajadores estaban preocupados por su aislamiento político. En los días que siguieron a la insurrección se expresó un apoyo amplio de los trabajadores, también en las filas del partido bolchevique, a favor de la formación de un "gobierno socialista homogéneo", es decir una coaliciónde todos los partidos socialistas, tanto de izquierda como de derecha. 

Sin embargo, las negociaciones tendentes a formar un tal gobierno, emprendidas bajo los auspicios del Comité Ejecutivo Panruso del sindicato de los ferroviarios [Vikzhel], entonces dirigido por los mencheviques internacionalistas (mencheviques de izquierda), fracasaron por la negativa de los mencheviques moderados y los SR, así como de los que se encontraban a su derecha, a formar parte de un gobierno, a participar en un gobierno responsable única, o principalmente, ante los soviets. Un tal gobierno estaría compuesto en mayoría por bolcheviques, en la medida en que eran mayoritarios en el reciente Congreso de los Soviets. Tras esta negativa estaba la convicción de los socialistas moderados de que, sin el apoyo de la burguesía, la revolución estaría abocada al fracaso. Ligado a este aspecto estaba el temor de que el gobierno, dirigido por los bolcheviques, cuya base era obrera, emprendiese "experimentaciones socialistas". 

Cuando fracasaron las negociaciones, precisamente sobre la cuestión de la responsabilidad ante los soviets, los SR de izquierda decidieron participar en el gobierno de los soviets en coalición con los bolcheviques. Su periódico subrayaba que "incluso si hubiéramos llegado a la formación de un 'gobierno homogéneo', ello habría sido, en realidad, una coalición con la parte más radical de la burguesía" 1/. Pero los mencheviques-internacionalistas, el ala izquierda del partido menchevique que tomó pronto la dirección del partido, rechazó seguir a los SR de izquierda. En un artículo de título "2x2=5", el economista menchevique-internacionalista V.L. Bazarov expresó su irritación ante lo que él consideraba una confusión de los trabajadores: llamaban a la formación de una coalición de todos los socialistas, pero querían una coalición que fuese responsable ante los soviets. 

"[…]Se adoptan resoluciones que exigen inmediatamente la constitución de un gobierno democrático sobre la base de un acuerdo de todos los partidos socialistas y [al mismo tiempo] un reconocimiento del actual TsIK [CEC de los soviets de los diputados de trabajadores y soldados, elegido en el reciente Congreso de los soviets, ampliamente bolchevique] como si fuera el órgano ante el que debe ser responsable el gobierno […]. Pero, actualmente, un gobierno puramente soviético no puede ser más que bolchevique. Cada día que pasa se hace más claro el hecho de que los bolcheviques no pueden gobernar: los decretos se suceden en cadena y no pueden ser puestos en práctica […] Así, incluso aunque sea cierto lo que declaran los bolcheviques, es decir que las masas no están tras los partidos socialistas, compuestos exclusivamente de intelectuales, […] entonces incluso, serán necesarias amplias concesiones. El proletariado no puede dirigir sin la intelectualidad […] El TsIK debe ser únicamente una de las instituciones ante las que el gobierno es responsable 2/". 

Los mencheviques-internacionalistas compartían la opinión de los bolcheviques según la cual la burguesía era fundamentalmente contrarrevolucionaria. Sin embargo, compartían también la convicción del ala derecha de su propio partido de que una Rusia económicamente atrasada, muy ampliamente campesina, no disponía de las condiciones sociales y políticas favorables al socialismo. En consecuencia, mientras que los mencheviques más a la derecha, en paralelo con los SR, continuaban a llamar a una coalición con los representantes de la burguesía, los mencheviques-internacionalistas subrayaban la necesidad de, al menos, conservar el apoyo de las capas medias de la sociedad, la pequeña burguesía y especialmente la intelectualidad. El problema, sin embargo, residía en el hecho de que esta última había optado, de forma aplastante, por el partido de la burguesía. Resultó que los mencheviques de izquierda quedaron condenados a permanecer como espectadores pasivos de la revolución en curso. 

En lo que concierne a los propios trabajadores y trabajadoras, cuando les pareció claro que la verdadera cuestión era la de un poder de los soviets o una coalición renovada, bajo una u otra forma, con la burguesía, dieron su apoyo al gobierno de los soviets antes incluso de que los SR de izquierda decidieron unirse al mismo. En la reunión del 29 de octubre, simultáneamente a las negociaciones para formar un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, una asamblea general de trabajadores de los astilleros navales Admiral'teiski lanzó un llamamiento a todos los trabajadores, pidiendo: 

"Independientemente de vuestro color partidario, ejerced una presión sobre vuestros centros políticos a fin de alcanzar un acuerdo inmediato de todos los partidos, desde los bolcheviques hasta los socialistas-populares así como a la formación de un gobierno socialista responsable ante el soviet de los diputados trabajadores, soldados y campesinos sobre la base de la siguiente plataforma: proposición inmediata de paz. Transferencia inmediata de la tierra a los comités campesinos. Control obrero de la producción. Convocatoria de la Asamblea Constituyente en la fecha fijada 3/." 

Este era un ejemplo de lo que Bazarov consideraba como revelador de la confusión política de los trabajadores: querían un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, pero querían igualmente que ese gobierno fuese responsable ante los soviets. Una semana más tarde, sin embargo, después de la ruptura de las negociaciones y mientras los bolcheviques permanecían solos en el gobierno, esos mismos trabajadores decidieron "manifestarse a favor de un poder los soviets pleno e íntegro, indivisible, y contra la coalición con los conciliadores defensistas. Hemos sacrificado mucho por la revolución y estamos dispuestos, si ello fuera necesario, a nuevos sacrificios, pero no abandonaremos el poder a aquellos a los que se les ha arrebatado en una sangrante batalla 4/". 

Cuando los SR de izquierda decidieron entrar al gobierno, habiendo llegado a la conclusión que "incluso si hubiéramos alcanzado la formación de un 'gobierno homogéneo', ello habría sido, en realidad, una coalición con la burguesía" 5/, los trabajadores suspiraron colectivamente: se había alcanzado la unidad, al menos "la de abajo", entre los nyzy [la plebe], siendo principalmente los SR de izquierda un partido campesino. Una asamblea de trabajadores de la fábrica Putilov declaró en esta ocasión:
"Nosotros, trabajadores, saludamos como un solo hombre la unificación deseada desde hace mucho tiempo y dirigimos nuestros calurosos saludos a nuestros camaradas que trabajan en la plataforma del segundo Congreso Panruso de las masas trabajadoras del campesinado pobre, de los trabajadores y de los soldados 6/". 

La Revolución de Octubre, que había consagrado la polarización profunda que existía ya en la sociedad rusa, vio al núcleo de la intelectualidad al lado de las clases poseedoras 7/, mientras que lo que quedaba de la intelectualidad de izquierda permanecía suspendida en alguna parte entre las dos. Los trabajadores respondieron con amargura a esta perceptible traición. Como escribía Levin, SR de izquierda: 

"En el momento en que se rompen por el pueblo las cadenas burguesas del Estado, la intelectualidad se aleja del pueblo. Los que han tenido la suerte de recibir una educación científica abandonan al pueblo, que les ha llevado sobre sus espaldas agotadas y laceradas. Y, como si ello no bastase, al irse, se burla de su impotencia, de su analfabetismo, de su incapacidad de llevar a cabo grandes transformaciones sin dolor, de conseguir grandes realizaciones. Esta burla es particularmente amarga para el pueblo. En su interior, crece instintivamente el odio hacia las personas instruidas, hacia la intelectualidad." 8 

El periódico menchevique-internacionalista Novaïa zhizn' publicó el siguiente informe, sobre Moscú, en diciembre de 1917: 

"Si las trazas externas de la insurrección son poco numerosas, la división en el seno de la población es, de hecho, profunda. Cuando se enterró a los soldados bolcheviques y a la guardia roja [a continuación de la victoria de la insurrección, tras varios días de ásperos combates], según me han dicho, no se pudo encontrar un solo intelligent o estudiante de universidad o de instituto en el seno de esa grandiosa procesión. Y cuando se realizaron los funerales de los junkers [cadetes de la escuela de oficiales que combatieron para defender al gobierno provisional], entre la multitud no se encontró ningún trabajador, soldado o plebeyo. La composición de la manifestación en honor de la Asamblea Constituyente fue similar: los cinco soldados tras la bandera de la organización militar de los SR no hacían más que subrayar la ausencia de la guarnición. 

El abismo que separaba a los dos campos toma amplitud mediante la huelga general de los empleados municipales: los enseñantes de las escuelas municipales, el personal superior de los hospitales, los empleados superiores de los tranvías, etc. Esa huelga hace extremadamente ardua la tarea del gobierno municipal bolcheviques; peor todavía, exacerba el odio de la población nizy hacia toda la intelectualidad y la burguesía. He asistido a la siguiente escena: un tranviario empujando a un estudiante de instituto fuera de su tranvía: ¡'os enseñan bien, pero parece que no quieren enseñar a nuestros hijos!". 

La huelga de las escuelas y los hospitales fue vista por los nizy de la ciudad como una lucha de la burguesía y de la intelectualidad contra las masas populares 9/. 

A la hora de comprender la posición de la intelectualidad, lo primero que debemos preguntarnos es si la percepción de traición por parte de los trabajadores tenía alguna justificación. Después de todo, visto desde otro ángulo, eran los trabajadores quienes se separaron de la intelectualidad, optando por una ruptura con las clases pudientes y abandonando la alianza nacional de todas las clases que había sido forjada en febrero. 

Las razones que justificaban la radicalización posterior de los trabajadores se pueden resumir de la siguiente manera: sobre la base de su experiencia, llegaron a la conclusión de que las clases pudientes se oponían a los objetivos de las clases populares de la revolución de Febrero: la conclusión rápida de una paz democrática, la reforma agraria, la jornada de trabajo de ocho horas, la convocatoria de una asamblea con el fin de establecer una república democrática. Las clases pudientes, no sólo bloquearon la realización de estos objetivos (que en esencia eran democráticos, y de ninguna manera socialistas), sino que además intentaron aplastar militarmente a las clases populares. Esto queda ampliamente demostrado por el apoyo, apenas velado, que el partido Kadete (partido constitucional-demócrata) dio al levantamiento del general Kornilov, a finales de agosto, así como por la oposición implacable de los industriales a toda medida del Estado, para así impedir el derrumbamiento económico que se aproximaba a pasos gigantes. 

Para los trabajadores, la insurrección de octubre y el establecimiento del poder de los soviets significaba la exclusión de las clases pudientes de toda influencia sobre la política de Estado. Octubre fue ante todo un acto de defensa de la revolución de Febrero, de sus conquistas reales y de sus promesas, frente a la hostilidad activa de las clases pudientes. Mientras en octubre ciertos trabajadores veían efectivamente el potencial de una transformación socialista, de ninguna forma, durante ese período, eso constituía su objetivo principal. 

De esta forma, el sentimiento de traición que experimentaron los trabajadores respecto de la intelectualidad se hace comprensible; tal como lo redactaba el diario menchevique-internacionalista (que era hostil a la revolución de Octubre): "de ahora en adelante, los trabajadores pueden demandar a los médicos y enseñantes en huelga: "nunca hicisteis huelga contra el régimen bajo el zar o bajo Goutchkov 10/. ¿Porqué hacéis huelga, ahora que el poder está en las manos de personas que todos reconocemos como nuestros dirigentes?" 11/.Incluso dirigentes de izquierda, como Iouli O. Martov, cuya entrega a la causa obrera no puede ser puesta en duda, tenía más el sentimiento de lavarse las manos que el de hacer "lo que parecía ser nuestro deber – mantenerse al lado de la clase obrera, incluso cuando sea falso… Esto es trágico. Porque después de todo, el conjunto del proletariado va detrás de Lenin y espera que el derrocamiento producirá la emancipación social; y ello siendo consciente de que el proletariado ha desafiado a todas las fuerzas antiproletarias" 12/. ¿Por qué la intelectualidad huyó, tal y como lo perciben los trabajadores?. Refiriéndose a los populistas, el historiador Oliver Radkey ofrece la siguiente explicación: "En los momentos más bajos de la revolución, una gran cantidad se convirtieron en funcionarios o participaron en la acción social de las zemstvosy de los municipios como funcionarios de las sociedades cooperativas, en donde la rutina cotidiana y las perspectivas resultantes de estas actividades eran mortales para el espíritu revolucionario. Otras personas entraron en diferentes profesiones. Todos se hicieron más viejos 13/." 

No obstante, parece improbable que una transformación social tan profunda como la integración económica de la intelectualidad en el orden existente hubiera podido realizarse en el espacio de un decenio. Además, cabe preguntarse, sobre la forma en que los intelectuales socialistas se ganaban la vida antes del fracaso de la revolución de 1905, en la medida en que no todos podían haber sido activistas profesionales o los mejores estudiantes. Si la generación de 1905 envejecía, ¿qué es lo que sucedía a los estudiantes de 1917, cuya mayoría también era hostil a la revolución de Octubre? El menchevique A. N. Potresov, situado en la extrema derecha de su partido, observaba en mayo de 1918 que "en febrero [1917],asistimos a la alegría común de los estudiantes y de los pequeños-burgueses. En octubre, estudiantes y burgueses habían llegado a ser sinónimos" 14/. 

Una explicación más razonable de la huida de la intelectualidad puede encontrarse en la polarización de clase de la sociedad rusa, que emergió en todo su amplitud durante la revolución de 1905, cuando la burguesía, asustada por el activismo de los trabajadores en defensa de sus reivindicaciones sociales, en particular la jornada de ocho horas, y atraída por las concesiones políticas muy limitadas que ofrecía una autocracia debilitada, se volvió contra el movimiento de trabajadores y campesinos. Destaca en ello, el lockout masivo organizado en Petrogrado por los industriales y el Estado en el otoño de 1905, cuando los trabajadores reivindicaban las ocho horas 15/. Cuando el movimiento obrero se restableció de la derrota de esta revolución, en 1912-1914, colocó inmediatamente en sus huelgas tantas reivindicaciones políticas dirigidas contra la autocracia como reivindicaciones económicas dirigidas a los industriales. Por su parte, estos colaboraron estrechamente con la policía zarista para dificultar las acciones políticas y económicas de los trabajadores así como para reprimir a los activistas 16/. 

Es en el curso del período anterior a la guerra cuando los bolcheviques se convirtieron en la fuerza política hegemónica en el seno del proletariado. Lo que distinguía la fracción bolchevique de la social-democracia de los mencheviques era su apreciación de que la burguesía, incluida su ala de izquierda, liberal, era fundamentalmente opuesta a la revolución democrática. Los mencheviques, por su parte, consideraban que resultaba crucial que la burguesía dirigiera esta revolución. Sobre los campesinos, que Lenin sugería que se aliasen a los trabajadores, los mencheviques opinaban que no estaban capacitados para asegurar una dirección política nacional. Si este papel no lo asumía la burguesía, necesariamente caería en manos de los trabajadores. Pero los trabajadores, a la cabeza de un gobierno revolucionario adoptarían, inevitablemente, medidas que socavarían los derechos de propiedad burgueses. Se lanzarían a realizar experiencias socialistas que, en las condiciones de atraso que caracterizaba a Rusia, se revelarían desastrosas, conduciendo inevitablemente a la derrota de la revolución. Por consiguiente, antes de la guerra, los mencheviques hacían vanos llamamientos para que moderasen su presión huelguista: no querían asustar a los liberales que se distanciaban cada vez más del podrido régimen autocrático, pero que por otro lado podrían coger miedo a la revolución. 

De forma que lo que hemos observado es que la intelectualidad de izquierdas abrazó la posición de los mencheviques y de los SR y no la de los bolcheviques y de los trabajadores. Afirmaban que en un país rural atrasado una revolución encabezada por los trabajadores fracasaría de forma inevitable. El episodio siguiente, relatado en las memorias de un metalúrgico de Petrogrado, ilustra la división que existía entre los trabajadores y los intelectuales de izquierdas. 

I. M. Gordienko, metalúrgico y militante bolchevique, en compañía de dos camaradas, que como él eran originarios de Nijni Novgorod, ciudad de origen de Máximo Gorki, decidieron visitar a este último, su zemlyak (compatriota): "se preguntaban, ¿puede que A.M. Gorki se haya alejado completamente de nosotros?". En 1918, Gorki era el editor del diario menchevique-internacionalista Novaïazhizn', violentamente crítico respecto del nuevo régimen soviético, al que atacaba en particular por su incompetencia. Resultado, según el diario, de la marginación de la intelectualidad. En particular, lo que enfurecía a los trabajadores era el hecho de que los editores del diario criticasen al gobierno, mientras se mantenían a distancia a la vez que rehuían implicarse más en la mejora de las cosas. Por ejemplo, con ocasión de la conferencia de los comités de fábrica de Petrogrado, en febrero de 1918, uno de los delegados se expresó con amargura sobre "la intelectualidad saboteadora de Novaïazhizn' de Gorky, que se ocupaba de criticar al gobierno bolchevique mientras que no hacía nada para aligerar el fardo de ese gobierno" 17/. 

En el domicilio de Gorki, la conversación giró rápidamente hacia cuestiones políticas:

"Alekseï Maksimovitch, [Pechov, señaló Gorki] ensimismado en sus pensamientos, dijo: "resulta difícil para vosotros, muy difícil". 

– Pero tú, Alekseï Maksimovitch, no haces las cosas más simples, le señalé. 

– No sólo no nos ayuda, sino que mina nuestros esfuerzos, añadió IvanTchougourine. 

– Eh, amigos, sois formidables. Lo siento por vosotros. Debéis comprender que sois un grano de arena en este mar; no, en este océano de fuerzas elementales campesinas pequeño-burguesas. ¿Cuántos bolcheviques hay tan convencidos como vosotros? Un puñado. En realidad, sois como una gota de aceite en este océano, una mota de polvo que la más ligera brisa puede destruir. 

– Te equivocas, Alekseï Maksimovitch. Ven a visitar nuestro barrio de Vyborg y lo comprobarás. Allí donde había 600 bolcheviques, ahora hay miles. 

– Miles, pero maleducados, viviendo en la miseria, y en otras ciudades ni siquiera eso.

– Lo mismo, Alekseï Maksimovitch, se produjo en otras ciudades y pueblos. Por todos los lugares la lucha de clases se intensifica. 

– Es por esto que os amo, por vuestra sólida fe. Pero es también por eso mismo que os temo. Usted desaparecerá y después todo retrocederá cientos de años. La perspectiva es estremecedora". 

Algunas semanas más tarde, los tres volvieron y se encontraron con N. Soukhanov y D. A. Desnitski en el apartamento de Gorki. Ambos eran intelectuales mencheviques de izquierda y editores de Novaïazhizn'. 

"Una vez más, Alekseï Maksimovitch evocó el océano pequeño-burgués. Estaba afligido a causa de que, nosotros, viejos militantes bolcheviques, además de haber vivido en la clandestinidad, fuéramos tan pocos y que el partido fuera tan joven e inexperimentado […] Soukhanovy Lopata [otro nombre de Desnitski] afirmaron que únicamente un loco podía hablar de revolución proletaria en un país tan atrasado como Rusia. Nosotros protestamos con energía y respondimos que tras de la apariencia de una democracia pan-rusa 18/, lo que realmente defendían era la dictadura de la burguesía […]. 

"Durante este intercambio, Alekseï Maksimovitch, se dirigió hacia la ventana que daba a la calle. Inmediatamente, volvió hacia mí, me cogió de la manga y me llevó a la ventana. "Mira", me dijo con cólera y resentimiento en la voz. Lo que vi era efectivamente escandaloso. Cerca de un pequeño jardín, sobre un césped bien cortado, estaba un grupo de soldados sentados que comían arenques y arrojaban los restos en el jardín con flores". 

"Y en la Casa del Pueblo sucede lo mismo 19/, se enceran los suelos y se colocan escupideras en las esquinas y al lado de las columnas, pero observad lo que hacen", se lamentaba Maria Fiodorovna [esposa de Gorki], que era la encargada de la Casa del Pueblo. 

"Y es con gentes como esta que los bolcheviques piensan realizar una revolución socialista", añadió Lopata, con un cierto sarcasmo en la voz. "Previamente debéis enseñar, educar al pueblo, y a continuación hacer una revolución". 

"¿Y quién va a formarles y educarles? ¿la burguesía?", preguntó uno de entre nosotros.

"¿Y cómo lo vais a hacer?", preguntó Alekseï Maksimovitch, sonriendo. 

"Nosotros queremos hacerlo de otra manera", respondí. "Ante todo, derrocar a la burguesía, y después educar al pueblo. Construiremos escuelas, clubs, Casas del Pueblo […]." 

"Pero eso es irrealizable", señaló Lopata. 

"No será realizable para vosotros; pero sí para nosotros", le respondí. 

"Y bien, ¿es posible que sean estos diablos quienes lo realicen?" dijo Alekseï Maksimovitch. 

"Nosotros lo conseguiremos en su totalidad", replicó uno de los nuestros, "y ello será peor para vosotros." 

"¡Eeh! ¡Así que con amenazas! ¿Qué es eso de que será peor para nosotros?" preguntó entre risas Alexeï Maksimovitch. 

"De la siguiente manera: haremos lo que tengamos que hacer, con o sin vosotros, bajo la dirección de Ilitch [Lenin], y entonces ellos os preguntarán: ¿Dónde estabais y qué hacíais cuando atravesábamos un momento tan difícil? 20/". 

Lenin había realizado una descripción enormemente similar de "una conversación con un rico ingeniero poco antes de las jornadas de julio[1917]". 

"Ese ingeniero, en un determinado momento, había sido revolucionario. Fue miembro del partido social-demócrata e incluso del partido bolchevique. Hoy, no es sino el terror y el odio hacia los obreros libres e indomables. Él, que es una persona cultivada, y que ha estado en el extranjero, dice que si por lo menos fueran obreros como los obreros alemanes…; yo entiendo que en general la revolución social es inevitable; pero aquí, con el descenso en el nivel de los obreros, que ha causado la guerra 21/… no se trata de una revolución, es un abismo". 

"Estaría dispuesto a reconocer la revolución social, en el caso de que la historia se condujera con tanta calma y con tanta tranquilidad, regularidad y exactitud como las que caracterizan a un tren alemán entrando en una estación. Con gran dignidad, el interventor del tren abre las puerta de los vagones y anuncia: "¡Término: Revolución social.! ¡ Alleaussteigen (todas las personas descienden del tren)!" ¿Entonces porqué no se pasaría de la situación del ingeniero bajo el reino de las TitTitytch 22/ a la situación del ingeniero bajo el reino de las organizaciones obreras?. 

"Este hombre ha visto huelgas. Sabe qué tempestades de pasiones desencadena siempre una huelga, hasta la más común, incluso en los períodos de mayor calma. Por supuesto que comprende bien que esta tempestad debe ser millones de veces más fuerte en el momento en que la lucha de clases haya sublevado a todos los trabajadores de un inmenso país, cuando la guerra y la explotación hayan conducido al umbral de la desesperación a millones de personas, a los que los propietarios hacían sufrir desde hace siglos, y a quienes los capitalistas y los funcionarios del zar explotaban y maltrataban desde hacía decenas de años. Todo esto lo comprende "en teoría", y no lo reconoce mas que en la punta de los labios; simplemente está asustado por la "situación excepcionalmente compleja" 23/. 

N. Soukhanovo ofrecía una explicación similar a la posición de los mencheviques de izquierdas: "Estábamos opuestos a la coalición y a la burguesía, al lado de los bolcheviques. No nos habíamos fusionado con ellos debido a ciertos aspectos de la creatividad positiva de los bolcheviques [comentario irónico de Soukhanov], o porque sus métodos de propaganda nos revelaban la cara odiosa que pudiera venir del bolchevismo. Se trataba de una fuerza elemental [stikhiya] pequeño-burguesa, desatada y anarquista que no pudo ser eliminada del bolchevismo hasta que dejaron de seguirle las masas 24/. 

El temor de la stikhiya, especialmente del campesinado, constituía un aspecto importante de los mencheviques. Contribuye a explicar el rechazo de la Revolución de Octubre por este partido así como su insistencia para establecer una coalición con los liberales y, en caso de fracaso, con el "resto de la democracia", y en particular de la intelectualidad. 

Ahora bien, si la preocupación de la intelectualidad de izquierdas sobre el carácter insuficiente del desarrollo de la cultura política y de la consciencia de las masas populares tenía una base, sin duda, cabe preguntarse cómo podía justificarse su decisión de mantenerse a distancia de la lucha, en tanto en cuanto la revolución continuaba avanzando. En las condiciones de una profunda polarización entre clases, la alternativa al gobierno de los soviets que defendía la intelectualidad, -incluida la intelectualidad de izquierdas- nunca fue clara, y menos para los trabajadores. En realidad, no existía alternativa, si se excluye la derrota de la revolución. De esta manera se expresaba un trabajador bolchevique en una conferencia de delegados de los trabajadores de la Armada roja, en mayo de 1918: "Se nos acusa de haber sembrado la guerra civil. Se trata de un grave error, cuando no una mentira […] Nosotros no inventamos los intereses de clase. Se trata de una cuestión que existe en la vida, un hecho, que todos debemos reconocer" 25/. Esta es la razón por la cual, los trabajadores y campesinos, a pesar de las enormes privaciones y de los excesos de la guerra civil, continuaron sosteniendo el régimen de los soviets: por supuesto, unos de forma más activa que otros. 

La preocupación de Gorki, a propósito de las masas incultas, políticamente no instruidas, era eminentemente sincera. Pero la revolución iba avanzando con o sin la intelectualidad. Frente a esto, sería más razonable tomar parte activa en ello para así facilitar el camino e intentar reducir los excesos. Ciertamente, algunos intelectuales optaron por ello. Un cierto Brik, -figura cultural en Petrogrado- escribía lo siguiente, a principios de diciembre de 1917, en Novaïazhizn': 

"Para mi gran sorpresa, me encontré en la lista electoral bolchevique para las elecciones de la Duma municipal. Yo no soy bolchevique y me opongo a su política cultural. Pero no puedo permitir que las cosas continúen así. Esto sería un desastre si se dejase a los trabajadores que definieran la política. Por consiguiente voy a actuar, pero sin disciplina [exterior]. Aquellos que rehúyan actuar y esperen que la contra-revolución restaure la cultura están ciegos 26/." 

En diciembre de 1917, se formó un nuevo Sindicato internacionalista de enseñantes, después de que algunos de estos decidieran romper con el Sindicato pan-ruso de enseñantes por cuestionar la huelga [contra el gobierno bolchevique]. La nueva organización declaró que resultaba "inadmisible que las escuelas fueran utilizadas como arma política" y efectuaron un llamamiento a los enseñantes para cooperar con el régimen con el fin de crear una nueva escuela socialista 27/. 

V. B. Stankevitch, miembro del Partido socialista-popular (populista de derechas) y comisario militar en la época del gobierno provisional, tomó una posición similar en una carta dirigida a sus "amigos políticos", redactada en febrero de 1918: 

"De ahora en adelante, debemos comprender que las fuerzas elementales del pueblo se sitúan al lado del nuevo gobierno. Se nos abren dos vías: continuar la lucha implacable por el poder o adoptar una acción pacífica, constructiva, de oposición leal […]". 

"¿Pueden pretender los antiguos partidos [del gobierno provisional] que poseen la suficiente experiencia, asumir la gestión del país, tarea que es cada vez más difícil? En substancia, no existe ningún programa que pudiéramos oponer al de los bolcheviques. Y una lucha sin programa no resulta más valiosa que las aventuras de los generales mexicanos. E incluso, en el caso de que fuera posible elaborar un programa, debemos ante todo comprender que nos faltan las fuerzas para llevarlo a cabo. Porque, para derrocar al bolchevismo, no en la forma sino en los hechos, sería necesaria la unión de todas las fuerzas: desde los socialistas revolucionarios a la extrema derecha. E incluso, en ese caso, los bolcheviques serán los más fuertes […]". 

"Queda otra vía: la de un frente popular unificado, un trabajo nacional unificado, una creación común […].¿Qué sucederá mañana? ¿Continuar la tentativa aventurera, en substancia sin objetivo y sin significado, de arrancar el poder? ¡O trabajar con el pueblo para acometer una obra realizable tendente a contribuir a la resolución de las dificultades a las cuales debe hacer frente Rusia, unido en una lucha pacífica por principios políticos fundamentales, para establecer los fundamentos verdaderamente democráticos al gobierno del país! 28/". 

La cuestión central es que la posición adoptada por la mayoría de la intelectualidad no parece estar de acuerdo con las razones que ella avanzaba al respecto. Lo cual nos lleva a preguntarnos si no existen otras razones. Parece que, en el fondo, la mayoría de la intelectualidad socialista reveló no ser sino "la fracción más radical de la burguesía", como lo señalaba el diario SR de izquierda. Dado que la tarea de la revolución consistía en derrocar la autocracia semi-feudal y establecer una democracia liberal, ellos podían apoyar e incluso potenciar el movimiento popular. Pero, desde el momento en que se evidenció –y fue lo mismo en el caso de la revolución de 1905- que en las condiciones rusas la revolución se transformaría en una lucha contra la misma burguesía así como contra el orden social burgués la intelectualidad de izquierdas sintió que el suelo temblaba bajo sus pies. 

Tuvieron la impresión que su posición en la sociedad estaba amenazada. A pesar de todo, gozaban de ciertos privilegios, al menos en términos de estatuto y de prestigio, e incluso a veces, de más ingresos y mayor autonomía profesional. Estos privilegios, junto al miedo y a una auténtica desconfianza hacia las masas "desmandadas" e "incultas", les llevaban a defender, si no el orden político, sí el orden social imperante (capitalista). 

Con el tiempo, cabe caer en la tentación de afirmar que la intelectualidad de izquierdas tenía razón. Después de todo, durante los últimos años de su vida, uno de los principales temas de Lenin fue la urgente necesidad de incrementar el nivel cultural de la gente. Este aspecto, y en particular el de la cultura política del campesinado, que constituía la mayoría de la población, fue un factor clave en el ascenso al poder de la burocracia, bajo la dirección de Stalin. Resulta fundamental preguntarse si la posición hostil que la intelectualidad adoptó contra la revolución de Octubre, no contribuyó al mismo. 

* David Mandel es Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Quebec en Montreal. Esta contribución de David Mandel es una versión revisada y aumentada en 2017 para una publicación brasileña de la publicada en 1981 en el número 14 de la revista Critique, pp. 68-87, animada por Hillel Ticktin. El artículo inicial ha sido revisado y aumentado para su publicación en una revista brasileña, en 2017 (RUS. Revista de Literatura e Cultura. En este tercer capítulo agrupamos los capítulos III y IV editados por A l'encontre). Esta versión es la que ha servido para la traducción realizada por Sébastien Abbet].

 Notas
1/ Znamia truda, 8 de noviembre de 1917.
2/ Novaïa zhizn', 4 de noviembre de 1917.
3/ Tsentral'nyi gosudarstvennyi arkhiv Sankt-Peterburga, opis' 9, fond 2, delo 11, list 45.
4/ Ibid.
5/ Znamia truda, 8 de noviembre de 1917.
6/ Ibid.
7/ La definición que dio Pitirim Sorokin, en noviembre de 1917, de las "fuerzas creativas" de la sociedad – que opone a la "seudo-democracia"– es llamativa: "ahora, deben llegar a la escena, de un lado, la intelectualidad, la portadora de la inteligencia y de la conciencia y, del otro, la auténtica [¡!] democracia, el movimiento de las cooperativas, las dumas y zemstvos [gobiernos locales instaurados por el zar Alejandro II, nvs] de Rusia y la aldea consciente [¡!]. Su tiempo ha llegado"(Volia naroda, 6 de noviembre de 1917). La ausencia de los soldados y de los trabajadores es manifiesta. Lo mismo que, por supuesto, de las aldeas "inconscientes", los campesinos que apoyaban a los SR de izquierda y los bolcheviques. Todas las organizaciones citadas estaban todavía dominadas por los socialistas moderados y los cadetes y no disponían de apoyo político masivo.
8/ Znamia truda, 17 de diciembre de 1917.
9/ Novaïa zhizn', 12 de diciembre de 1917.
10/ N. I. Goutchkov, importante industrial ruso y presidente de la cuarta Duma de Estado.
11/ Novaïazhizn', 6 de diciembre 1917. Esto no era del todo exacto. En 1905, la intelectualidad, organizada en el seno de la Unión de uniones, participó en el movimiento huelguístico del otoño. Por primera y última vez. No dió un apoyo activo a los inmensos movimientos huelguistas del período 1912-1914 ni a los de 1915-16.
12/ L.H. Haimson, The Mensheviks, (Chicago: 1975), pp. 102-103. Los mencheviques, en tanto que partido, reorientaron su posición después de la revolución alemana de noviembre de 1918 y adoptaron una posición de oposición leal al gobierno de los soviets.
13/ Radkey. op. cit., p. 469-470.
14/ Znamiabor'by, 21 de mayo de1918.
15/ Ia. A. Shuster, Peterburgski rabochie v 1905-1907 pp., (Leningrado: 1976), p. 166-168.
16/ "The Workers' Movement after Lena," en L. H. Haimson, Russia's Revolutionary Experience, N.Y., Columbia University Press, 2005, pp. 109-229.
17/ Novaïazhizn', 27 enero 1918.
18/ La posición menchevique-internacionalista consistía en que la base política del gobierno debía ser ampliada para incluir a toda la "democracia". Este término siempre fue vago y hacía referencia a las capas medias de la sociedad, en particular a los intelectuales.
19/ Edificio en el interior del cual tenían lugar reuniones populares y eventos culturales.
20/ I. Gordienko, Izboevovoproshlovo, (Moscú: 1957), p. 98-101.
21/ Hace referencia a la llegada de campesinos a las fábricas de armamento, en expansión.
22/ Tit Titytch era el personaje de un rico comerciante despótico en una obra de Alexandre Ostrovski (1823-1886).
23/ V.I. Lenin, Polnoe sobranie sochinenii, 5th ed., (Moscú, 1962), vol. 34, 321-322. [¿Se mantendrán los bolcheviques en el poder ?]
24/ Sukhanov, op. cit., vol. 6, p. 192.
25/ Pervaya konferentsiya rabochikh I krasngvardveiskikh deputatov 1-go gorodksovo raiona, Petrogrado, 1918, p. 248.
26/ Novaïazhizn', 5 diciembre de 1917.
27/ Ibid., 6, 9 y 13 diciembre de 1917. La novela de Veresaev a que hace referencia la nota 37 muestra ejemplos de esta posición así como de la segunda, adoptada por la mayoría de la intelectualidad de izquierdas.
28/ I.V. Orlov, "Dvaputiperednimi," Istoricheskiiarkhiv, 1997, n° 4, pp. 77-80.

Fuente original: https://alencontre.org/




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Publicado por Blogger para TacnaComunitaria el 9/15/2017 12:48:00 p. m.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Fwd: [TacnaComunitaria] ¿CUESTIÓN DE PIEL O DE CLASE?


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Asunto: [TacnaComunitaria] ¿CUESTIÓN DE PIEL O DE CLASE?
Para: luismiguel1952@gmail.com





Gustavo Perez Hinojoza
 14/09/17

El buen observador de las ultimas noticias que alborotan la opinión pública está recibiendo una clara y limpia lección de la existencia de las clases sociales en nuestro país.

La defensa cerrada del Gobierno a la Ministra de Educación no se basa en que ésta no quiera renunciar "solo por una Huelga" sino en el hecho de que su imagen, mejor que ninguna otra, ha mostrado el "charm", el "caché", la sonrisita cachosa y despectiva, misma "Lorena lovelyday", con que se debe tratar al pueblo llano, a los miles de maestros "cholos" provincianos. Ese "encanto" que el imitador Carlos Álvarez ha sabido retratar con precisión. 

Y esto, debo reconocerlo, no es una actitud especialmente perversa de ella. Simplemente le brota por los poros. Por eso el Gabinete quiere suicidarse en conjunto, solicitando al Congreso la "confianza al Gabinete en pleno" para defender su imagen de clase y la autoridad que de ella emana (¿no hubo alguien en el propio Partido de Gobierno que habló del "Ku Klux Klan"?).

A contrapelo, el oficialismo y los medios de comunicación han desatado un vergonzoso linchamiento mediático contra la sentenciada por terrorismo Maritza Garrido Lecca, quien acaba de salir de prisión tras cumplir su condena de 25 años. 

Mas de uno se pregunta el ¿Por qué de esta campaña feroz que ha sido condenada por el Presidente del Poder Judicial y hasta el propio ex Premier Pedro Cateriano, vecino de la Madre de la liberada? ¿Acaso ésta no cumplió con su condena?. ¿Acaso la Ciencia Penitenciaria no tiene por objeto la readaptación o recuperación del detenido y no su eliminación física o moral?. ¿Acaso en todos los penales no existe un lema que dice : "Dios siempre perdona, la Patria siempre espera"?.

No. La explicación es otra y mas sencilla. 

Igual que en el caso de la Ministra Martens lo que no pueden soportar aquellos que sostienen el "charm" de ella, es que una de su misma clase social haya pretendido, aunque fuese por métodos erróneos y criticables , "subvertir" el orden de cosas donde "la gentita" está arriba y los "cholos piojosos" están abajo o trabajando encerrados con llave como en el Centro Comercial Las Malvinas, Mesa Redonda o Gamarra.

Lo que no pueden soportar no son los gritos que Maritza Garrido Lecca haya pegado en los videos a sus 27 años, que de seguro no serán las reflexiones maduras de ésta tras su prolongada prisión. Lo que no pueden soportar es que no haya sido "un serrano cualquiera" sino una de ellos la que los haya "traicionado". La que se haya atrevido, aunque fuese intelectualmente a cuestionar el "establisment" peruano que se parece mucho todavía a aquel en que los Marqueses y Condes que habitaban Lima solicitaron a San Martín entrase a la ciudad para ponerlos a buen recaudo de los indios, negros y mulatos que vivían en sus alrededores.

Es de seguro que mas de uno comparte mi punto de vista.

Y como colofón de esta nota les dejo fragmentos de un Poema de Bertold Brecht (Pues, han de saber que no solo los pitucos leen) :

"He crecido hijo de gente acomodada.
Mis padres me pusieron un cuello almidonado,
me educaron en la costumbre de ser servido
y me instruyeron en el arte de dar órdenes.
Pero al llegar a mayor y ver lo que me rodeaba,
No me gustó la gente de mi clase,
ni dar órdenes, ni ser servido.
Abandoné mi clase y me uní al pueblo llano.
Así criaron un traidor,
le educaron en sus artes, y ahora él los delata al enemigo".
"Por eso dictaron contra mí una orden de detención
por la que se me acusa de pensar de un modo bajo,
es decir, el modo de pensar de los de abajo".

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Publicado por Blogger para TacnaComunitaria el 9/14/2017 12:57:00 p. m.

Al senderismo hay que combatirlo con verdad

"Al senderismo hay que combatirlo con la verdad. No se puede considerar que son los únicos que produjeron terrorismo en la decada del ochenta. La doctora McVoy en su articulo "el legado de sendero", no hace referencia al documento de la Comision de la  Verdad, cuyos autores en su mayoria son sus colegas de la U. Catolica.

Con respecto al terrorismo, haciendo honor a la verdad el apra incluso asesinó un presidente de la republica, asesinó al director del Comercio y su esposa, en esa época la dirigencia aprista era considerada terroristas y  asesinos. 

McEvoy señala  que el Estado que plantea sendero en su imaginario, es una institucion de explotacion decrépito y corrupto, cabe recordar que de ese  Estado fluyen  dos presidentes presos uno perseguido, otro salvado por el poder judicial. La historiadora  dice que sendero se nutre de una tradicion política de violencia, sin considerar que hoy esta misma organizacion propone acuerdo un de paz y reconciliacion y busca participar en las elecciones."




lunes, 4 de septiembre de 2017

Entrevista de Antonio Rengifo Balarezo : a Jorge Falcon sobre Jose Carlos Mariategui.


Aprovecho de la gentileza de angélica para adjuntar una entrevista referido a Mariáteguei.

Antonio

El 3 de septiembre de 2017, 9:52, Angelica Aranguren <nazca_aranguren@yahoo.com> escribió:



José Carlos Mariátegui La Chira
(1894-1930

Visto
por Jorge Falcón Gárfias

Entrevistador:  Antonio Rengifo Balarezo

Lima - 1979



José Carlos Mariátegui La Chira
Visto
por Jorge Falcón Gárfias
(Entrevista)
Entrevistador: Antonio RENGIFO BALAREZO
Lugar: Ántero Aspíllaga 300, Olivar de San Isidro.
Lima, 1979

Falcón, mariateguista
Antonio Rengifo: Señor Falcón, usted nos ha sorprendido con el alumbramiento de dos libros:  Anatomía de los 7 Ensayos de Mariátegui y Amauta, polémica y acción de Mariátegui, en el lapso de tres meses. A pesar de que usted ha dicho que no han sido producidos “a impulso de ocasión circunstancial”, como advierte en el primer libro. Podría decirnos ¿desde cuándo data la concepción de sus obras y cómo fue el proceso?

Jorge Falcón: Bien, con mucho gusto.  En primer lugar, es exacto que no han sido escritos por una razón circunstancial; porque estos dos libros son parte, en realidad, de una obra muy amplia que comencé a trabajar en el año 72, y que tiene como contexto, lo que podríamos decir, el estudio de las ideas en el Perú de 1885 a 1930. Abarca desde la aparición de González Prada y del Círculo literario, de la formación de Movimiento obrero, de la aparición de la idea socialista hasta alcanzar la etapa propiamente dicha de Mariátegui. Todo esto juega en torno a la figura de José Carlos, porque precisamente él viene a ser la culminación del estudio. Estando en esto, surgió la circunstancia de una conversación con Sandro Mariátegui y, hablando justamente del Cincuentenario de los 7 Ensayos, le dije que tenía entre las cosas escritas una parte que se llamaba Anatomía de los 7 Ensayos; entonces él de inmediato me dijo: “bueno, eso lo editamos”. De allí es que se desglosa, de todo ese trabajo, el primer libro; así como el siguiente, Amauta polémica y acción; e inclusive, el tercero que está en prensa: Mariátegui, arquitecto sindical.

Mariátegui
 intenta conformar un equipo de investigación
A. R. En Anatomía de los 7 Ensayos de Mariátegui usted nos informa que Mariátegui quiso acometer la interpretación de la realidad peruana en equipo; pero, se quedó solo y solo realizó una obra extraordinaria. Sin embargo, le preguntaría: ¿por qué hasta ahora no se puede realizar un esfuerzo colectivo para investigar nuestra realidad?

J. F. Se podría responder que por el mismo carácter subsistente del trabajo individualista de los intelectuales. Al respecto, le podría contar como anécdota –que no está en el libro, porque no viene al caso- que más o menos por el año 34 ó 37 se conformó un equipo para hacer un estudio de los 7 Ensayos; se llegó a hacer una reunión distribuyéndose el trabajo entre los presentes para que, posteriormente, presentaran proyectos sobre cada uno de los ensayos; si hubo una segunda o tercera reunión habría sido mucho; por ahí aún se encuentra entre mis papeles el proyecto que iba a presentar sobre El proceso de la literatura, pues ése fue el encargo que me correspondió. Después hubo otros intentos como el que ocurrió el año 43 o 44 de formar el Instituto José Carlos Mariátegui como una entidad específicamente de estudios de la obra de Mariátegui; naturalmente, esta idea también cayó en el vacío. Y cuando se formó el Instituto José Carlos Mariátegui no se tuvo, desde el principio, el propósito ni la orientación de hacer un estudio de la obra, presencia, significación, etc. de Mariátegui en nuestra historia. Y así sucesivamente…

Entonces, encontramos que es muy difícil, no quiero decir imposible que los intelectuales se reúnan –no sé si los jóvenes lo puedan hacer- para trabajar en equipo. También le podría decir que cuando quise hacer una revista que se llamaba Estudios Peruanos, yo mismo la diagramé y hasta me propuse pagar las colaboraciones. De todos los invitados, el primero que me contestó fue el más conservador, Alberto Ulloa Sotomayor, quien me dijo que colaboraría con tal tema y que me entregaría originales para tal fecha y que de la remuneración no me preocupara, porque él ya sabía, en verdad, que es lo que yo estaba haciendo. En cambio, el resto de amigos, allegados, etc., pues, sencillamente, rehuyeron su colaboración.

A José Carlos también le había sucedido lo mismo. El piensa crear seminarios de estudios e incluso da los nombres de quiénes son sus candidatos, además, él no queda en la idea; sino que avanza hasta presentar algunos inicios del trabajo que personalmente realizó. Sin embargo, tiene que acometer solo la tarea frente a la ausencia de cooperación.

Pero, la cosa no queda ahí, pues, toda esa tendencia se expresa hasta en la propia universidad. En la universidad faltan realmente seminarios para determinados asuntos, para el esclarecimiento de una serie de problemas.
De lo expuesto a usted, yo pienso que es un fenómeno de falta de coordinación ideológica, de desarrollo de la organización política que logre concentrar a los trabajadores intelectuales para que éstos presten su cooperación con un plan de trabajo de largo aliento.

Después de la muerte de Mariátegui y aparte de lo que le he referido, también hubo un “Instituto de Estudios Peruanos” que animaba Jorge Núñez Valdivia; pero, igualmente, la producción fue cero. Y si hay ahora, desde algunos años, un nuevo Instituto de Estudios Peruanos es debido a una base económica; pero, por lo general, tampoco sus trabajos son de conjunto, de equipo. De lo que en realidad se trata es de la adquisición de una serie de autores que hacen sus propios libros y este Instituto hace las veces, en buena cuenta, de un editor; aparte de lo que pueden tener ellos de conversación, intercambio de ideas, etc. Pero, en el fondo, se trata de una labor editorial bien asentada económicamente.

A. R. Eso en cuanto a la forma de encarar el conocimiento de la realidad peruana, los problemas nacionales; pero, continuando específicamente sobre Mariátegui, recuerdo que en el año 1960 para conmemorar los 30 años del fallecimiento de Mariátegui, remitió una encuesta a una serie de intelectuales y en la revista Hora del hombre, dirigida por usted, se editó un número conmemorativo. Ahí dice que la respuesta a esa encuesta y a ese esfuerzo que hacía para conmemorar a Mariátegui no fue tanto como el esperado y que, incluso, usted tuvo que hablar a nombre propio en vista de las muchas ausencias que hubo.

J. F. Buena memoria. Así fue, efectivamente; pero ése no era el primer intento, sino el segundo: porque el año 45 promoví un homenaje internacional a Mariátegui y a Vallejo que salió en el número nueve de Hora del hombre y ahí si no me equivoco, publiqué la relación de los invitados, lógicamente las ausencias fueron muy notables. De modo que es una experiencia amarga que se acopla, digamos así, a la experiencia de José Carlos.

Es difícil hacer algo en el país –o era, si las cosas han cambiado en algo actualmente- con amplitud, sin autocensurarse. Y es por eso que al número que usted se refiere precisamente de Hora del Hombre-Problemas americanos –el número tres- fue el último de la aventura; porque, infelizmente, más eran o fueron las fuerzas resistentes y hasta en sentido activo, negativas, que las fuerzas concurrentes a este esfuerzo.

Además, podríamos decir que como accidental coincidencia, cuando yo programé y comencé a divulgar la creación de Hora del hombre-Problemas americanos (digo “creación” en lugar de “reaparición” o “segunda etapa” porque ya la revista tenía otra visión), apareció, como una respuesta del ambiente, otra revista con el mismo formato, con las mismas características de la que yo estaba diseñando; me habían declarado una competencia fatal.

El APRA
 intenta minimizar la figura de Mariátegui
A. R. Desde hace más o menos dos años se ha desatado una campaña aprista por tratar de minimizar la figura de Mariátegui. En dicha campaña destaca como principal animador Luis Alberto Sánchez. Sánchez tiene prestigio intelectual de antigua data y, además, es un contemporáneo de Mariátegui; por ello, considero que usted es la persona indicada para contrarrestar la campaña aprista que trata de desnaturalizar el pensamiento de Mariátegui, más que cualquier joven marxista; sobre todo, por el gran conocimiento de la época de Mariátegui y por haberlo conocido personalmente. Usted mismo en su primer libro que publicó en diciembre del 78 –Anatomía de los 7 ensayos de Mariátegui- dice: “hace 60 años de algún día de 1918, yendo del colegio a casa y pasando por la redacción de El Tiempo, mi hermano César Falcón me presentó a José Carlos Mariátegui”; y a quién, posteriormente, vio varias veces. Además, su hermano César era amigo íntimo de José Carlos; tal era así que a ambos le decían “la yunta brava” porque estaban siempre juntos en múltiples andanzas. Entonces, quisiera que usted nos relate su conocimiento directo de José Carlos.

J. F. Bueno, en cuanto a Sánchez, yo he salido al frente solamente para esclarecer algunas cosas. Podría haberle puesto lo que él escribió en abril del 29 y que se publicó en Mundial; ahí llega a finalizar su artículo diciendo que seguirá la senda de José Carlos. Ahora si Sánchez campea como lo hace es porque la gente lo considera “intocable”; entonces, juega, no solo con el pensamiento de Mariátegui, sino con la historia y con la anécdota; como por ejemplo –a propósito de anécdota y para seguir hablando de éste señor- uno de los últimos artículos que ha publicado en el diario Expreso se titula Funeral y comienza diciendo que tiene grabado en su mente el funeral de José Martí, que ocurrió, cinco años antes de que él naciera; que recuerda el funeral de un señor portorriqueño –que en este momento no recuerdo su nombre-; bueno, recuerda el funeral de Irigoyen en Argentina, que él sólo lo vio; recuerda el funeral de Piérola cuando él tenía 13 años, que lo vio; recuerda el funeral de Seoane, para hablar del funeral de Haya de la Torre que ha sido “el gran funeral del mundo”; pero en su memoria no está grabado, no recuerda el funeral de Mariátegui; inclusive, ya entrando en la anécdota, no recuerda el funeral de Yerovi. Y ni siquiera en una de las tantas revistas de izquierda le hacen esta pequeña reflexión; porque sencillamente campea –como dije antes- la imagen de las gentes consideradas “intocables”; lo que en buena cuenta pasa con Basadre y con una serie de gentes.

Entonces, tiene una suficiencia absoluta en su prestigio y están confiados en que nadie les refute. Eso ha pasado, como usted ha visto, con la carta que he anexado al volumen de Anatomía de los 7 Ensayos; la carta la puesto ahí porque la revista Caretas no la quiso publicar. Se trataba de una simple aclaración; tampoco la publicó la revista Oiga. Estas dos revistas se dicen defensoras de la libertad de expresión; sin embargo, no la acogieron porque se trataba de Basadre. Por la misma razón la Asociación Nacional de Escritores tampoco ha presentado mi libro.

La relación Mariátegui / Jorge Falcón
En cuanto a mi conocimiento directo de Mariátegui, como trato humano, le diré que traté bastante a José Carlos. Las razones, las circunstancias, usted las ha dicho. Pero no solo inicialmente, sino, debo decirle que en todo el proceso de mi relación con Mariátegui está en razón a la amistad de José Carlos con mi hermano César. De niño yo iba al diario El Tiempo y después a La Razón. Mi colegio estaba a media cuadra del local de La Razón, entonces a las cuatro de la tarde cuando salía del colegio y en el trayecto a mi casa entraba a La Razón y así conocí a todo el equipo de redactores. A algunos, después, los traté frecuentemente, como a Humberto del Águila, por ejemplo. El “Charapa” del Águila vivió en mi casa; porque cuando César viajó a Europa, le pidió a mi madre que le dejara su cama y su sitio en la mesa a Humberto del Águila; entonces del Águila vivió un años más en mi casa. Con Antenor Fernández Soler he sido muy amigo; así mismo, con Moisés Vargas Marzal, etc., y otras gentes que incluso no figuran como Fernández Paredes quien era un asiduo concurrente a La Razón, al igual que Luis Ernesto Denegri. Esa, efectivamente, es una relación de infancia, una relación familiar, que se mantiene cuando Mariátegui está en Europa porque mi madre se ve con la madre de José Carlos; algunas veces acompañé a mi madre a la casa de José Carlos. Luego cuando el regresa el año 23 hasta su muerte el año 30 continuamos manteniendo esa vinculación. Conforme avanzan los años, yo me hago de la tarea de llevarle a José Carlos los encargos que César le hace a mi madre y, posteriormente, los encargos me los hace a mí directamente para trasmitírselos a Mariátegui.

A fines de 1924, cuando me iniciara como periodista en el diario La Prensa y me tocaba informar de los aconteceres policiales de los balnearios del Sur, yo concurría todas las tardes a casa de José Carlos cita en Leuro, Miraflores, a mostrarle familiarmente las notas que había hecho como para que él me las corrigiera. Ya después cuando se instala en julio de 1925 en la casa de la calle Washington lo visito a cualquier hora del día, en algunos casos, para trasmitirle los encargos de mi hermano César y, en otros casos, de voluntad propia, asistiendo a la hora de la tertulia cuando ya recibía a todos sus amigos; también por ese lado conocí a las personas allegadas a Mariátegui.

Mariátegui
y la gestación de El problema del indio
A. R. En su primer libro, Anatomía de los 7 Ensayos, usted dice que Nuestros indios de González Prada fue escrito en 1904 y se mantuvo inédito hasta 1924. Esto último me sorprende, pues yo no estaba informado y estoy por creer que son pocos los que saben eso.

J. F. Exacto.

A. R. A propósito, le diré que se es proclive a afirmar que si no se cuenta con el antecedente de González Prada con su ensayo Nuestros indios, Mariátegui no hubiera concebido, tal como lo hizo, El problema del indio, uno de los siete ensayos. Pero al indagar cómo se fue gestando en Mariátegui ese ensayo, usted encuentra que Mariátegui se agenció de una de las fuentes de información más importantes. Se trata de la transmisión oral, o sea la conversación amistosa e informal con hombres sencillos, como usted dice; uno de ellos fue Ezequiel Urviola al que yo le hiciera un Esbozo biográfico publicado en el año 1968. Esos hombres que vivenciaban el problema o lo conocían directamente, constituían un venero de datos. El mismo Mariátegui declara en un artículo a propósito de Zulen que éste y Urviola se conocieron en su casa. Entonces, usted establece una correlación estrecha entre la relación entre esos dos grandes conocedores del llamado problema del indio y la publicación de El problema primario del Perú aparecido en la revista Mundial el nueve de diciembre de 1924. De este artículo de Mariátegui usted dice que en correcto análisis bien puede estimarse como la primera palabra de los futuros 7 Ensayos. Como es de suma importancia lo que usted está tratando para entender la evolución del pensamiento de Mariátegui, quisiera que nos diga algo más sobre El problema el indio.

J. F. Bien, esa situación llamado en primer lugar “Problema” y en segundo lugar apodado “indígena” –o sea, un sector de la realidad nacional discriminado y tratado hispanamente hablando de “indio”- es tratado muy viejamente en este país; porque ya por el año 1837 aparece un periódico El indígena en Ayacucho; después , por el 60 se forma la primera “Sociedad Amigos del Indio”, luego, tenemos que antes del ensayo de González Prada el parlamentario puneño Santiago Giraldo publica el libro Los indígenas en los albores del siglo XX y edita en Lima el periódico El Indio. En 1911 se funda la Asociación Pro-indígena de Joaquín Capelo, Pedro Zulen, Dora Mayer y otros.

En cuanto a Mariátegui, específicamente, le diré que su estudio no está en la rebusca bibliográfica, sino en la aplicación de su ideología a la conversación con las gentes que viven esa realidad de explotación, discriminación, etc. Y son, pues, las gentes literaria e intelectualmente anónimas, pero que tienen mucho valor en cuanto describen la situación que están viviendo, lo que están sufriendo; este es un aporte de Mariátegui; desde luego, utiliza muy bien la información, la desmenuza y contribuye mucho a elaborar su planteamiento. Entonces tenemos que, como está visto, el problema del indio –seguiremos empleando la palabra “indio”- en Mariátegui está muy estrechamente ligado al problema de la tierra, por ello es el más breve de los 7 Ensayos, y luego tiene su trato en una serie de otros trabajos de él mismo, apreciaciones de pasada pero que llega a definir –y esto es lo importante del tratamiento de Mariátegui sobre el asunto- desde qué posición está analizando esa realidad; cuando define el problema, lo define desde la levadura socialista, y luego cuando a Sánchez le responde y le dice que el caso del indio es el caso del explotado (lo digo no en la frase de él, sino en la síntesis de ella) ahí Mariátegui está haciendo un aporte.

Como usted recordará entre la sandeces –porque no se puede llamar de otro modo, disculpando la palabra- escritas por Juan José Vega, éste dijo que Mariátegui no podía haber escrito ningún estudio sobre el indio, porque no conoció el Perú, porque no viajó por el Perú y prefirió viajar a Europa; entonces, según sus apreciaciones, como no fue un vendedor ambulante por el territorio peruano, estaba desautorizado para escribir sobre esa realidad. Vega no supo explicarse cómo surgió el aporte de Mariátegui.

Mariátegui tuvo a los mejores informadores ambulantes y no los tuvo para verlos en un escaparate ni en una fiesta pueblerina; sino para conversar con ellos sobre sus problemas, sobre su realidad. Por tanto, creo que de todas las gentes –aquí incluyo a muchos de los residentes y oriundos del lugar-, Mariátegui tenía la mejor información; porque no era una reunión con indios a base del alcohol, la música, la fiesta religiosa, ya que él no los buscaba en vista de su inmovilidad física, sino eran ellos los que acudían donde él porque tenían algo que comunicar y, a la vez, encontrar un consejo, un esclarecimiento; de modo que así obtuvo la mejor información.

A. R. Otro hecho importante en relación al problema del indio es la asistencia de Mariátegui al IV Congreso Indigenista en Lima. Mariátegui revela que Pedro Zulen y él eran los únicos asistentes no indios a ese congreso, sin embargo, los intelectuales limeños y universitarios que algunas veces hablaban del problema del indio, estaban ausentes.

J. F. La universidad estaba ausente, específicamente diremos los universitarios, los profesores de la universidad popular, los que subjetivamente debería ser los más interesados por conocer la realidad. Aunque algunas actuaciones de esos Congresos se desarrollaron en el local de la federación de estudiantes, los que no estaban presentes eran los estudiantes. Esta es una apuntación que resulta históricamente muy interesante. Mariátegui nunca tuvo la intención de molestar a los demás; pero el tiempo convierte ese apunte en un dato, cuya significación si particulariza la inquietud, los propósitos de Mariátegui dentro de la heterogeneidad de la “nueva generación”, la “vanguardia”, los “hombres nuevos”, etc. A estos no se les puede relacionar con lo que Mariátegui dice respecto al transporte terrestre, a la importancia de los choferes para el desarrollo sindical; porque ellos manejando un camión recorren el Perú, porque en esos años ya se está recorriendo el Perú por carretera. Esta fue la gran revolución de Leguía: abrir carreteras para que transiten los vehículos automotrices.

Mariátegui vio lo que era conveniente y lo útil que era conquistar al gremio de choferes, para que sirviera de medio vivo de comunicación con los campesinos, los cuales son en su mayoría indios. Así se facilitaría a los indios el conocimiento del sindicalismo y un conocimiento político. Tan acertada es la apreciación de Mariátegui que él no se detiene en decir –como alguien dogmáticamente podría decir, entonces y ahora- “bueno, si no se hace sindicato, entonces no se hace nada”; si no todo lo contrario, si no se puede hacer sindicato, entonces hagamos una sociedad o una asociación, el nombre, el rótulo es lo de menos, inclusive club deportivo; el fondo está en nuclear, en constituir una organización donde no hay nada.  ¡Ese es el fenómeno Mariátegui!

Mariátegui, Haya de la Torre
y el Partido Aprista del año 1931.
 Las diferencias
A. R. Siguiendo con El problema del indio y El problema de la tierra quisiera que, además de los contenidos en su libro, nos diga cuáles eran las diferencias de Mariátegui con Haya de la Torre y, posteriormente, con el programa del Partido aprista del año 1931.

J. F. Bueno, en primer lugar, entre el programa del 31 y lo que Haya escribió sobre el Indio y la Tierra hay una distancia como de la tierra al cielo. En las obras completas de Haya está reproducida toda la recopilación que se publicó bajo el nombre de Por la emancipación de América latina, en donde usted puede encontrar la carta a Del Barco, a Gabriel Del Mazo, etc. Ahí es donde Haya toca el Problema del Indio y el Problema de la Tierra. En este catamiento, Haya llega a hablar cuáles son las experiencias que se tienen al frente:  la de México y la de la Unión soviética; entonces dice en síntesis que la de México no sirve porque la de México ha fomentado el individualismo, la pequeña propiedad, etc.; entonces, se deduce que sea la colectiva la que en buena cuenta sirva, aunque ahí no afirme expresamente que sea la experiencia de la Unión soviética la que él asuma, es esa la que más se le aproxima. E inclusive coincide con Mariátegui. Digo que coincide con Mariátegui y no Mariátegui con Haya, porque ya Mariátegui –cuando Haya está escribiendo esas cosas, ya Mariátegui ha comenzado a publicar el Problema de la Tierra en artículos. Es muy interesante para todo, no solo para una relación de Haya a Mariátegui, seguir a Mariátegui o leerlo cronológicamente, son apenas seis o siete años; pero que son tan intensos y de una producción al día que se necesita o es conveniente mirar cuándo está escrita tal cosa, o cuándo está escrito tal otra. Haya llega incluso a decir que hay que hacer la revolución agraria y habla, por supuesto, de la comunidad como una célula de la socialización hasta llegar a borrar el concepto de propiedad, ya se pasa al anarquismo. Hasta ahí llega en todo eso, pero una vez que escribe ¿Qué es el APRA? Desaparece de su literatura todo eso; y repito no tiene nada que hacer: no con La APRA (alianza o frente), sino con el Partido Aprista Peruano de 1931. En el programa del 31 casi nada se refiere a Reforma agraria, el programa del 31 –tan sonajeado- en buena cuenta se trata de una serie de medidas y disposiciones gubernamentales para crear burocracia.

El soporte moral de Mariátegui:
La mística revolucionaria
A. R. Actualmente, resulta muy necesario que los partidos políticos –más aún los revolucionarios- relieven el aspecto moral en la formación de sus militantes; para ello, nada mejor, que la vida ejemplar de Mariátegui. En ese sentido, resulta pasmoso saber que Mariátegui haya hecho tanto en tan poco tiempo y en condiciones adversas. Cabe preguntarse: ¿De dónde sacaba fuerzas? ¿Cómo mantiene su fe y en qué se apoya?

La respuesta, en el plano social, la encontramos en su relación con la clase portadora de un nuevo orden social –la clase obrera- y en su participación en la lucha de clases; ahí está su fuente de sustentación. El mismo José Carlos lo revela en la carta que enviara a los redactores de la revista Claridad –órgano de la Federación Obrera Local- cuando aún se encontraba restableciéndose en Chosica de la amputación de la pierna. Como esta carta es bella y reconfortante, además, porque ha sido poco difundida, me permito extraer unos párrafos de la misma:

… Quiero defenderme de toda influencia triste, de toda sugestión melancólica. Y siento más que nunca la necesidad de nuestra fe común. (…) Nuestra causa es la gran causa humana. A despecho de los espíritus escépticos y negativos, aliados inconscientes e impotentes de los intereses y privilegios burgueses, un nuevo orden social está en formación. (…) Obedezcamos a la voz de nuestro tiempo. Y preparémonos a ocupar nuestro puesto en la historia.

Bueno, Don Jorge, que nos puede decir respecto a las preguntas que le hemos formulado líneas arriba.

J. F. José Carlos no quiere estar ausente, no quiere sentirse ausente en la dirección de Claridad y, a la vez, tampoco quiere caer en el pesimismo. Esto es muy comprensible para un hombre que tres meses antes de que le corten la pierna está diciendo que es un poco nómade, que le gusta mucho viajar y que su amor, es el amor a la aventura. Y que de pronto lo claven en un sillón sin poder ver el sol de la calle, como él mismo decía. Además, con una madre católica que le está diciendo: “hijito tienes que tener fe en Dios y resignación”. En tal situación, hay que tener un tremendo coraje, una adquisición renovada de una fe poderosa en algo para cumplir la obra que realizó. De no ser así, se hubiera desmoronado; o si no, trataría de obtener comodidad y lograr que le pongan una prótesis. Pero, es la fe en la Revolución socialista –y aquí está inclusive el fenómeno del mito- lo que fortalece a este hombre. Porque si hubiera sido como algunas personas quisieran que hubiera sido; es decir, un materialista vulgar y ateísta a ultranza; pues, sencillamente, no hubiera podido realizar tan importantes tareas en tan corto tiempo.

Si no hubiera tenido esa fe, tal vez se habría precipitado a la inmediatez de hacer cualquier acto aventurado con tal de decir, yo lo veo ahora. Felizmente, toda la tesitura, toda la levadura, todo el aliento de la obra de Mariátegui es de un carácter específico, trasciende el momento y sus resultados se proyectan al futuro; a pesar de ello, está convencido, seguro, de que esto va para más tarde. Él lo está haciendo porque eso ¡tiene que llegar...!
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NOTA.- La ilustración de la portada:  Mariátegui estandarte del proletariado ha sido tomada de la revista Cuadernos Médico-Sociales N° 8 Año V. Lima, enero-marzo de 1980. Pertenece a Alberto Andía Escalante; pintor, grabador y dibujante cusqueño.  Se inspiró en las palabras del secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú ante el cadáver de J.C. Mariátegui, el 17 de abril de 1930: Recogemos su obra y enarbolamos su nombre como un estandarte de lucha y de afirmación de nuestras conquistas y de nuestra emancipación.

Obras de Jorge Falcón Gárfias
- (1993). Libro Homenaje (César Falcón). Lima: Ediciones Hora del Hombre.
-(1991).Centenario de César Falcón. Lima: s/f.
-(1990) José Carlos Mariátegui. Rememoración y ratificación. En el sesenta aniversario de su fallecimiento: 1930-1990. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1989) Centenario del nacimiento de José Sabogal, 1888-19 marzo-1988. Compilación, revisión y edición por Jorge Falcón. Edición conmemorativa. Lima: Librería y Editorial Minerva.
-(1988) Simplemente Sabogal; centenario de su nacimiento 1888-1988. Lima: Ediciones Hora del Hombre. Auspicio del Consejo Nacional de ciencia y Tecnología.
-(1983) Hora del hombre, 1943-1983. Lima: Ediciones Hora del Hombre.
-(1983) Mariátegui, Marx-marxismo: el productor y su producto. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1982) El hombre en su acción. César Falcón. Cuatro episodios. Derrotero para investigadores. Apéndice: el libro perdido de Mariátegui. Lima: Ediciones Hora del Hombre.
-(1981) Educación y cultura en Lenin-Mariátegui. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1980) Mariátegui, arquitecto sindical. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1980) Mariátegui y la Revolución mexicana y el Estado “anti”-imperialista. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1979) Amauta, polémica y acción de Mariátegui. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1978) Anatomía de los 7 Ensayos de Mariátegui. Lima: Empresa Editora Amauta.
-(1971) César Falcón: exaltación y antología. Notas, selección y coordinación de Jorge Falcón. Lima: Ed. Hora del Hombre.
-(1960) Nacionalicemos el petróleo. Prólogo de Jorge Falcón. Lima: Ediciones Hora del Hombre.
-(1959) China, la revolución del arroz y de la rosa. Lima: Ediciones Hora del Hombre.
(1947) Condiciones de vida del trabajador soviético. Lima: Ediciones Hora del Hombre.

Galería fotográfica:


Nació en Lima el 10 de agosto 1908. Escritor autodidacta, periodista y editor.
Trabajó desde los 15 años. En 1931 fue apresado por su militancia política y
confinado en la selva de Madre de Dios, de donde fugó hacia Brasil.


Mariátegui en silla de ruedas con sus cuatro hijos varones:
Sandro (el mayor), José Carlos, Sigfrido y Javier (en brazos).
Domicilio:  Jr. Washington N° 1946, Lima.


Anita Chiappe Vda. de Mariátegui al pie del humilde nicho de José Carlos;
Cuartel Santa Bárbara, Cementerio Presbítero Maestro, Lima 1930.
Ahí permanecieron sus restos hasta 1955
cuando fueron trasladados al mausoleo en que reposan desde entonces.

Sobre el sepulcro del compañero
no cae el silencio de la muerte,
sino florece el porvenir.
(Verso profético de Gamaliel Churata, escritor puneño, autodidacta. Su poema “Elogio a José Carlos Mariátegui” apareció en 1930, homenaje a Mariátegui de la revista Boletín Titikaka de Puno)


https://4.bp.blogspot.com/-AqRiLXOzcu4/VUgzs47FfsI/AAAAAAAAAQk/OEsGoBhUx-0/s200/1.jpg

Marina Núñez del Prado (1910-1995),
escultora boliviana y esposa de Jorge Falcón. Afincada en Lima por amor.
Antonio Rengifo Balarezo, autor de la entrevista, en actitud cariñosa.
Al fondo, con un vaso en la mano, José Carlos Mariátegui Chiappe.
Lugar: Casa de Javier Mariátegui Chiappe. Reunión con motivo de su cumpleaños.

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Mariátegui
Óleo de Jorge Miyagui (2008)









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